Viajero sonoro

Mi padre fue un mal viajero, a pesar de que mi abuelo vendría nómada a continuar la segunda parte de su familia a Zapotlán desde Pueblo Nuevo, no heredó ese espíritu. Sin embargo, mi padre fue más cosmopolita que otros viejos que sí lograron salir hasta del país mismo. Ese afán de conocimientos por las otras ciudades, otros personajes y otros movimientos lejanos a este terruño cercado de cerros y…

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Artificial hora

La artificial hora nocturna que nos dan las nubes a las cinco de la tarde logran mostrarnos el envés de los objetos cercanos. El árbol impávido a veces se agita por un sorpresivo viento que también a nosotros conmueve. La vieja construcción de enfrente sigue mostrando el orgullo de otros tiempos cuando tuvo fama. La iglesia del fondo deja caer sus dolientes notas cada cuarto de hora insistiendo…

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Orgullo en puerta

Amo mi ciudad y estoy orgulloso de ella. Eso muchos lo saben, ¿pero de dónde me viene ese cariño? Podría ser que lo hubiera adquirido en esos viajes de fin de semana con la familia cuando salíamos a ciertos caminos y bajo los árboles pasábamos el día complero, y ya de noche regresábamos mirando las luces de la ciudad bajo un cielo oscuro y eterno como dándole una oportunidad de vida.

O también…

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El ropero como símbolo

El ropero como símbolo

Hay, en casa de mis padre, un ropero negro ya descarapelado que ha perdido un poco su solidez. Ahí mi madre guarda su ropa bien ordenada y una caja fuerte cuyos únicos objetos de valor no tienen un alto costo en pesos. Reliquias de su madre, fotos de su juventud, unas viejas monedas ya sin valor. Tal vez un par de rosarios que sólo ella sabe a quien pertenecen.

El ropero en sí ya tiene un símbolo…

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Nadie

Nadie me pidió andar de Prometeo con los hombres (pero ai voy…).

Lenguaje y confianza

El lenguaje, como es de todos sabido, es un sistema sonoro (luego escrito) con el que el ser humano designa y maneja la realidad que le circunda. El hombre, sabemos, es el único animal que maneja el lenguaje sintáctico (se sabe también que algunos animales manejan su propio lenguaje estructurado: abejas y delfines, entre otros). Claro que se habla de un parteaguas en la historia natural cuando el…

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Pero es que no se puede ser otra cosa y cuando se intenta serlo eso es lo que eres: un proyecto para autocomplacerte en el futuro.

Tamborilear los dedos, contar las hojas de los árboles, observar la longitud de las grietas en el suelo… Esas actividades con las que hacemos tiempo en la espera, en la cola de las tortillas, en la paciencia del hospital. Yo, por mi parte, revuleco sílabas, cerceno palabras y voy apilándolas ya terminadas a ver si logro construir algo.

Porque una cosa es lo que escribimos a mano y otra lo que queda plasmado en el editor de textos, en nuestros archivos. Y es que en papel, a mano, están las intenciones y nuestras creencias sobre lo escrito. Ya cuando vemos nuestras “letras de molde”, percibimos nuestras palabras ya “desapasionadas”, digamos. Entonces queda la idea, el pensamiento, y cuando sí logramos esto último, entonces podemos decir, ahora sí, que hemos logrado escribir algo.

Supuestamente me verán en silencio con mi libreta abierta y el bolígrafo inútil, pero dispuesto. Yo mismo me creeré en silencio y no sabré, hasta el inevitable borbotón de mi escritura, que en realidad estoy en la espera de la primera palabra que retumbe silenciosa dentro de mi mente.

Una cosa es escribir por el placer de hacerlo y otra es escribir con un sentido de profesía, para que lo escrito se vaya cumpliendo luego de ser plazamado en el papel.